La EPOC es una enfermedad que se caracteriza por la presencia de limitación crónica, progresiva y poco reversible al flujo aéreo, asociada a una reacción inflamatoria anómala, debida principalmente al humo del tabaco. A pesar de ser una enfermedad grave y muy invalidante que presenta frecuentes manifestaciones extrapulmonares y comorbilidades asociadas a la propia enfermedad, al tabaquismo y al envejecimiento, se trata de un proceso prevenible y tratable. El principal factor de riesgo de la EPOC es el tabaquismo.

Debido a su elevada prevalencia, morbimortalidad asociada y coste económico y social, la EPOC constituye hoy día un problema sociosanitario de primera magnitud, debido a que se trata de una enfermedad que se diagnostica normalmente en estadios avanzados.

Una característica de esta patología es, por tanto, su infradiagnóstico. Así se desprende del estudio IBERPOC que analizó la prevalencia de la EPOC en 1997 en población general española entre 40 y 69 años de edad, y que situó en el 9,1%. Una conclusión muy significativa que se deriva de este estudio es que de los pacientes que se identificaron como afectados por EPOC solamente un 22% estaban diagnosticados.

Por su parte, los resultados preliminares del estudio EPI-SCAN (Epidemiologic Study of COPD in Spain), confirman la alta tasa de infradiagnóstico de la EPOC en España. El objetivo principal de este estudio epidemiológico, transversal y multicéntrico, es estimar la prevalencia de EPOC en población en edad comprendida entre 40 y 80 años.

Para revertir esta situación es necesario considerar el diagnóstico en personas mayores de 40 años que presenten una historia de tabaquismo (actual o pasada) superior a los 10 paquetes-año, lo que equivale a fumar 20 cigarrillos al día durante 10 años, y con síntomas respiratorios.

El diagnóstico debe confirmarse mediante la práctica de una espirometría forzada que confirme la existencia de limitación al flujo aéreo, definida por un cociente FEV1 /FVC < 0,70, tras prueba broncodilatadora.

En cuanto al tratamiento de la EPOC, los principales esfuerzos deben centrarse en prevenir la progresión de la enfermedad, aliviar sus síntomas, mejorar la tolerancia al ejercicio y el estado general de salud, así como en prevenir y tratar las complicaciones y las exacerbaciones y reducir la mortalidad.

Para conseguir estos objetivos, un buen plan de tratamiento debería abordar los siguientes aspectos: reducción de los factores de riesgo, evaluación multidimensional de la enfermedad, tratamiento de la EPOC estable, tratamiento de las exacerbaciones y manejo integral de la EPOC en fases avanzadas de la enfermedad.

De lo dicho hasta ahora no resulta difícil identificar y enumerar toda una serie de razones que justifican la puesta en marcha de una Estrategia en EPOC para el Sistema Nacional de Salud: la alta prevalencia de una «enfermedad prevenible», su grado de infradiagnóstico e infratratamiento, la morbilidad, comorbilidad, discapacidad y mortalidad asociadas a esta patología, así como el alto consumo de recursos que genera, tanto en costes directos como indirectos e intangibles, y la necesidad de mejorar la coordinación entre profesionales y niveles asistenciales en el manejo integral de la enfermedad están en el origen de esta iniciativa. A todo ello se une la necesidad de garantizar los principios de accesibilidad, efectividad y equidad propios de nuestro Sistema Nacional de Salud que harán de éste uno de los mejores instrumentos para la cohesión social.

En definitiva, con esta Estrategia se propone un nuevo enfoque para una vieja enfermedad que hoy definimos como prevenible y tratable, y que sin duda nos permitirá ser más ambiciosos en el deseo de vivir más y de vivir mejor.

Pese a tener una información ampliamente difundida y de fácil acceso, en aspectos de la EPOC como la prevención, el diagnóstico precoz y el manejo clínico, los estudios siguen informando de dificultades en la implementación de las guías clínicas derivadas, muchas veces, de la falta de formación y conocimiento específico de la enfermedad, especialmente en el ámbito de la Atención Primaria, tanto en el nivel facultativo como en el de enfermería.

En España, de las 13 sociedades científicas que manejan habitualmente personas con EPOC, solamente el 30,8% refiere tener programas de formación específicos en EPOC dentro de la oferta docente de la sociedad.

Esto es especialmente importante habida cuenta de que la persona con EPOC habitualmente accede al Sistema Nacional de Salud a través del nivel asistencial de Atención Primaria.

Objetivos y recomendaciones

Potenciar la formación de los profesionales del sistema sanitario para atender adecuadamente las necesidades de las personas con EPOC y favorecer el abordaje integral e integrado de la enfermedad y la coordinación entre Atención Primaria y Especializada. Para ello será necesario disponer de un Plan de Formación Continuada para la totalidad de los profesionales que presten atención a las personas con EPOC. 

El adecuado uso de los inhaladores y la añadida adherencia al tratamiento, permite reducir el gasto directo, por la garantía del uso correcto del mismo e, indirectamente, por la seguridad en la administración del tratamiento, la reducción en la prescripción del número de inhaladores y la disminución de la tasa de agudizaciones y correspondientes ingresos. En resumen, la correcta utilización de la terapia inhalada repercuta de forma positiva en el gasto sanitario y en la historia natural de las enfermedades respiratorias.

Las enfermedades respiratorias constituyen una de las causas más importantes de morbilidad y mortalidad en los países desarrollados. La espirometría es, junto con la historia clínica y la exploración física, la base para el diagnóstico de muchos pacientes en los que se sospecha una enfermedad del aparato respiratorio. Además, permite la detección de la población de riesgo de padecer EPOC y facilita su diagnóstico precoz. La demanda que ocasione en el futuro la universalización de la espirometría, solo puede ser afrontada desde la implicación de Atención Primaria en su realización e interpretación, aunque, a diferencia de lo que ocurre con otras pruebas diagnósticas, continúa siendo escasamente utilizada.